
Soy psicóloga porque a los veinticuatro pasé ocho meses sin dormir bien por un trabajo que se suponía que era «el bueno», y la psicóloga que me atendió hizo algo que nadie había hecho hasta entonces: no me dio ni un consejo. Me hizo las preguntas que yo llevaba meses sin querer hacerme.
De eso hace quince años. Llevo nueve con consulta propia en Vilanova i la Geltrú, después de seis en un centro donde llegué a ver a diez pacientes al día. Por eso aquí el tope son cinco pacientes al día: escuchar de verdad cansa, y la persona de las siete de la tarde merece la misma cabeza que la de las diez de la mañana.
Núria Ferrer · Núria Ferrer · Psicologia


